Tienda Davicino: 75 años conservando la memoria y el alma de Pilar
Elba y Marisa, nietas de los fundadores, mantienen intacto el comercio de Rivadavia 964 que abrió en 1951. Un local que no solo vende productos clásicos sino que guarda los recuerdos de varias generaciones de pilarenses.
En la calle Rivadavia 964 de Pilar centro, la Tienda Davicino sigue abierta como lo ha estado desde 1951. Elba y Marisa Davicino, nietas de los fundadores Miguel Davicino y Asunción Pérez, continúan el negocio familiar que se ha convertido en una verdadera postal de otro Pilar.
Cruzar la puerta del local es como viajar en el tiempo. Los muebles originales de la década del 50, las vitrinas exhibidoras, el piso en damero y los carteles antiguos siguen exactamente en el mismo lugar. El olor a madera y los productos que resisten modas generan en los clientes mayores una inmediata conexión con su niñez.
“La gente mayor que ha venido de niño, cuando abre la puerta siente el olor a la madera y eso le trae recuerdos. Lo primero que dicen es: esto me remonta a la niñez”, cuentan las hermanas mientras recorren el local.
Miguel y Asunción llegaron de La Pampa en la década del 40 y se instalaron primero en una chacra en Manzone. Luego compraron el terreno donde hoy está el comercio, en lo que entonces era prácticamente el final del pueblo. La casa familiar estaba al lado y la tienda empezó en lo que después sería el comedor. Él era mecánico y a ella le pusieron el negocio “para que tuviera un entretenimiento”.
Con pocos comercios en la zona, la tienda de ramos generales creció rápido y se convirtió en el sustento de la familia. Tiempo después adquirieron el local contiguo, donde funciona hasta hoy. Los dos hijos del matrimonio colaboraron desde chicos en la atención.
La historia tuvo un doloroso capítulo cuando Rubén, el hijo menor, falleció a los 23 años en un accidente de tránsito. Asunción se retiró y el negocio quedó en manos de Henry, el mayor, y su esposa Ema. Henry atendió el mostrador hasta sus 88 años y falleció en 2023 a los 91.
En sus inicios se vendía de todo: zapatillas, juguetes, ropa, perfumería, mercería y telas. Con el crecimiento de Pilar, el rubro se fue reduciendo. Hoy el fuerte está en la blanquería y la indumentaria, aunque conservan algunos productos que vienen de aquella época.
Entre los artículos que siguen vendiendo están las camisetas Tres Ases, gorras, sombreros de paja, pañuelos de mano, camisetas de interlock para el invierno, calzoncillos de tela y de algodón. También mantienen algo de telas y mercería. “Trabajamos cosas muy clásicas. Tratamos de trabajar buena calidad en algodón, porque cuando uno se pone grande quiere usar algodón y no poliéster”, explica Marisa.
Los objetos que llenan el local son verdaderas reliquias: el soporte de hierro para los rollos de hule Plavinil, las cajitas de hilos, el metro de madera que marcó el mostrador de vidrio durante décadas, una tijera del abuelo Miguel y los antiguos posters con paisajes sureños que colocó Doña Ema. En los bordes de las estanterías aún se ven papeles amarillentos con precios escritos a mano por Henry.
Elba y Marisa destacan que la decisión de no modernizar el local es justamente lo que lo hace especial. “Es el recuerdo de nuestros padres y de nuestros abuelos por la atención, esto de la humanidad. Porque hoy vivimos detrás de una pantalla y entonces ni siquiera miramos a los ojos”, dice Elba.
Ambas son maestras de profesión. Elba se jubiló después de más de 30 años en la docencia y se sumó al negocio. Marisa trabajó en psicopedagogía y rehabilitación y sigue ejerciendo. Hoy se reparten las horas: Elba por la mañana y Marisa por la tarde.
Hablan con cariño de cómo Pilar cambió con los años. Consideran que la apertura del shopping Pilar Paralelo afectó el comercio del centro porque mucha clientela de countries dejó de venir al pueblo. “Se perdió ese intercambio entre los que estaban viniendo nuevos y los históricos”, lamenta Marisa.
Aun así, el boca en boca y la vidriera con precios visibles siguen trayendo clientes. También ayudan los centros médicos cercanos que renuevan la clientela. En momentos económicos complejos, reconocen que mantener un local propio sobre la calle principal es una ventaja, aunque la competencia con productos importados más baratos es feroz.
Sobre el futuro, las hermanas coinciden en que dejarán que sus hijos y nietos decidan. “Tenemos nietos, pero vamos a dejar que ellos decidan, que se desarrollen en sus carreras porque esto se abraza de otra manera cuando vos estuviste afuera”, dice Elba.
Mientras tanto, la Tienda Davicino sigue allí, con sus estantes llenos de productos clásicos de calidad, sus muebles de madera y su atención cercana. Un pedazo de la historia de Pilar que se mantiene vivo gracias al esfuerzo y el cariño de dos mujeres que decidieron continuar el legado familiar.